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jueves, 14 de junio de 2012

Duros golpes al sindicalismo

Por Sergio Muñoz Bata
14 de junio de 2012

En esta época de austeridad económica los votantes estadounidenses arremeten contra el poder político del sindicalismo de Wisconsin a California limitando los beneficios y las pensiones de los trabajadores del sector público.

El sindicalismo estadounidense recibe tres duros golpes en las elecciones primarias de junio. En el estado de Wisconsin, los sindicatos fracasaron en su intento por destituir al Gobernador del estado, Scott Walker quien el año pasado promovió y promulgó como ley un conjunto de reformas que limitan la negociación colectiva de contratos y afectan directamente el sistema de pensiones de los trabajadores del sector público sindicalizados: maestros, policías, bomberos y burócratas. En San Diego y San José California, los ciudadanos también votaron para fijarle límites al sistema de pensiones de los trabajadores del sector público.

De los tres casos, el de Wisconsin es sin duda el más relevante por el alcance de las reformas que hace apenas un año convirtió en ley el Gobernador Walker con el apoyo de la legislatura local y ahora, de la mayoría del electorado. Según Walker las reformas eran necesarias para empezar a reducir de forma permanente los enormes déficits presupuestarios que enfrenta el estado. Se calcula que este año el déficit estatal será de 3.6 miles de millones de dólares, déficit que a juicio de Walker se debe principalmente al gasto fijo en las pensiones de los trabajadores públicos. Hoy, en Estados Unidos solo el 7 por ciento de quienes trabajan en el sector privado son miembros de un sindicato mientras que el 37 por ciento de quienes trabajan en el sector público están sindicalizados. En Wisconsin, la proporción es semejante. Pero para entender la verdadera dimensión del golpe al sindicalismo habría que considerar que la ley de Wisconsin prohíbe a los gobiernos condales, municipales y a los distritos escolares retener las cuotas de los trabajadores para dárselas a los sindicatos. Se calcula que un trabajador sindicalizado paga una cuota anual de aproximadamente $500 y que una gran parte de este dinero se utiliza para financiar campañas políticas.

La ley también dispone que los trabajadores deberán votar anualmente para determinar si quieren continuar siendo representados por el sindicato; prohíbe que los sindicatos participen en la negociación de pensiones, beneficios o condiciones laborales; limita los aumentos a los salarios al tope marcado por el índice de inflación y elimina la posibilidad de negociar la figura del puesto irrevocable (tenured) de los maestros. Y si en Wisconsin hablamos de revocar reivindicaciones sindicales que tomaron años de lucha, lo mismo se puede decir de los resultados de la votación en San Diego y San José, California donde los votantes aprobaron proposiciones que también reforman y limitan los programas de pensiones de los mismos trabajadores del sector público en esas ciudades.

En términos generales lo que las tres derrotas al sindicalismo muestran es que en la apretada situación económica que vivimos los ciudadanos resienten que los trabajadores del sector público disfruten de generosas pensiones y beneficios con el dinero de los contribuyentes. Y si bien es cierto que parte del problema, según reflejan los resultados de una encuesta del Pew Center de 2011, es que los sindicatos no se han preocupado por mejorar su imagen ante la ciudadanía y sólo un 45 por ciento de los estadounidenses ve a los sindicatos con simpatía, la realidad es que el problema es mucho más complejo. Un dato demoledor es que en Wisconsin mismo, las encuestas a boca de urna mostraron que un 38 por ciento de los votantes que apoyaron al Gobernador Walker son miembros de carnet de algún sindicato.

Como suele suceder en estos casos, lo sucedido en Wisconsin ha tenido muchas lecturas. Algunos analistas estiman que la elección mostró que la mayoría de los votantes está en contra de la idea de destituir a un Gobernador electo. Otros atribuyen el resultado a que el Gobernador y sus aliados en toda la nación gastaron más del triple de lo que gastaron los sindicatos, y critican la decisión de la Suprema Corte de Justicia que permitió que las corporaciones, al igual que los sindicatos, puedan gastar los que quieran a favor de sus candidatos o causas.

Yo soy un convencido de la idea de que por regla general los sindicatos no solo benefician a los trabajadores porque les protegen del posible abuso de los dueños de los negocios sino que en muchos casos son indispensables. Eso no significa que concuerde con algunas prácticas excesivas de muchos sindicatos que a veces rondan en el terreno de la delincuencia y frecuentemente cometen abusos. Mucho menores por supuesto que los que cometen los banqueros, inversionistas, abogados, empresarios o políticos pero abusos al fin. Y aunque no creo que las pensiones de los trabajadores sean la causa principal de los desequilibrios presupuestales, y sí las reducciones de impuestos y la ineficiencia y corrupción de las autoridades, sí creo que en épocas de austeridad económica como esta que hoy vivimos, la generosidad de dichas pensiones puede ser vista como injusta. Sobre todo cuando se les compara con las miserables pensiones de los trabajadores que se retiran del sector privado. Y es en este sentido que espero que el sindicalismo entienda que en la política la percepción es realidad y tome estas tres derrotas como lecciones para replantear el alcance de los beneficios que ofrece a su membresía en términos más acordes con la realidad del resto de los trabajadores.

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