Por Sergio Sarmiento
29 de mayo de 2013
"Un trabajador más productivo no es el que trabaja más horas, es el que tiene mejores resultados y, en consecuencia, gana más".
Enrique Peña Nieto
El presidente Enrique Peña Nieto y el secretario de Hacienda, Luis
Videgaray, han puesto el dedo en la llaga. La razón fundamental de la
persistente pobreza de México, cuando otros países avanzan de forma
sistemática, es el estancamiento de nuestra productividad. El presidente
Peña Nieto señalaba este lunes 27 de mayo que si México hubiera tenido
un aumento de la productividad similar al de Corea del sur en las
últimas décadas el Producto Interno Bruto de nuestro país sería cuatro
veces mayor y la pobreza un 86 por ciento menor.
No sé si la forma de mejorar en este rubro sea instalar un nuevo Comité
Nacional de Productividad. Cuando los políticos quieren postergar
decisiones importantes es usual que establezcan un comité para estudiar
el problema. Esperemos que no sea el caso en esta ocasión.
La larga lista de proyectos productivos importantes cancelados o
detenidos por razones políticas es, en realidad, suficiente explicación
del rezago de la productividad mexicana.
Imagine usted que no se hubiesen cancelado o detenido proyectos como el
aeropuerto de Texcoco, la presa La Parota, el campo de golf de
Tepoztlán, el Dragon Mart de Cancún o la mina de Wirikuta. Qué pasaría
si en lugar de detener los proyectos de extracción de petróleo crudo de
aguas profundas y de gas natural los promoviéramos. Qué desarrollo
habríamos gozado si hubiéramos aceptado la inversión privada en
refinación y petroquímica básica. Cuánto más habríamos crecido si no
tuviéramos detenida la planta de 200 millones de dólares de gas licuado
de Grupo Zeta en Manzanillo.
Qué tanto se habría beneficiado el país si unos grupos no estuvieran
extorsionando las plantas de generación eólica de Oaxaca. Qué tanto se
habría desarrollado la agricultura si en lugar de importar maíz
transgénico lo estuviéramos cultivando en México. Cuánto se habría
desarrollado el turismo si el gobierno hubiera cumplido con su
responsabilidad de derrotar la violencia. Cómo se fortalecerían las
exportaciones si invirtiéramos más en las garitas para facilitar el
tránsito de los camiones a la Unión Americana. Qué tanto cuesta al país
la suspensión de la ampliación del puerto de Veracruz, proyecto
indispensable para volver viables las nuevas inversiones de Audi y
Volkswagen en Puebla, como consecuencia de un amparo.
Cada vez que encuentro un negocio clausurado o con actividades
suspendidas por autoridades locales o federales, hallo en las aceras de
enfrente una amplia variedad de comercios informales que violan
abiertamente todas las reglas. Las autoridades hostigan y extorsionan a
los negocios establecidos, pero nunca se meten con los informales que
han privatizado aceras y calles.
Uno, dos o tres proyectos de inversión que se cancelen o no se realicen
no le hacen daño al país. Pero cuando se suman decenas o cientos
empezamos a entender por qué la economía mexicana no ha crecido y la
productividad se ha quedado estancada. En México hay demasiados grupos
políticos que tienen no sólo el interés sino la capacidad para detener
la inversión productiva. Lo peor de todo es que son los mismos grupos
que después organizan manifestaciones para protestar por la pobreza que
agobia a nuestro país.
Es positivo que se esté poniendo el dedo en la llaga del mayor problema
económico de nuestro país. Esperemos que el Comité Nacional de
Productividad no se convierta en un mero foro académico. La verdad, sin
embargo, es que la manera más sencilla de liberar el potencial de México
es dejar de poner obstáculos a cada proyecto de inversión productiva en
nuestro país.
TRABAJADORES
Los mexicanos trabajamos más que nadie en la OCDE: 2,250 horas al año
contra 1,776 horas del promedio en la organización. Somos, sin embargo,
los que menos ganamos: 9,885 dólares al año contra 34,466 de la OCDE.
Esto es consecuencia de la baja productividad de nuestro país.
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