Por Macario Schettino
30 de mayo de 2013
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Un blog para compartir recursos entre organizaciones civiles.
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Un lugar para reinventar el vocabulario de la resistencia, para generar la gramática más eficaz de la comunicación colectiva. Aquí se repiensan algunos términos que podrán contribuir a determinan las condiciones de la lucha común.
viernes, 31 de mayo de 2013
miércoles, 29 de mayo de 2013
Dedo en la llaga
Por Sergio Sarmiento
29 de mayo de 2013
"Un trabajador más productivo no es el que trabaja más horas, es el que tiene mejores resultados y, en consecuencia, gana más".
Enrique Peña Nieto
El presidente Enrique Peña Nieto y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, han puesto el dedo en la llaga. La razón fundamental de la persistente pobreza de México, cuando otros países avanzan de forma sistemática, es el estancamiento de nuestra productividad. El presidente Peña Nieto señalaba este lunes 27 de mayo que si México hubiera tenido un aumento de la productividad similar al de Corea del sur en las últimas décadas el Producto Interno Bruto de nuestro país sería cuatro veces mayor y la pobreza un 86 por ciento menor.
No sé si la forma de mejorar en este rubro sea instalar un nuevo Comité Nacional de Productividad. Cuando los políticos quieren postergar decisiones importantes es usual que establezcan un comité para estudiar el problema. Esperemos que no sea el caso en esta ocasión.
La larga lista de proyectos productivos importantes cancelados o detenidos por razones políticas es, en realidad, suficiente explicación del rezago de la productividad mexicana.
Imagine usted que no se hubiesen cancelado o detenido proyectos como el aeropuerto de Texcoco, la presa La Parota, el campo de golf de Tepoztlán, el Dragon Mart de Cancún o la mina de Wirikuta. Qué pasaría si en lugar de detener los proyectos de extracción de petróleo crudo de aguas profundas y de gas natural los promoviéramos. Qué desarrollo habríamos gozado si hubiéramos aceptado la inversión privada en refinación y petroquímica básica. Cuánto más habríamos crecido si no tuviéramos detenida la planta de 200 millones de dólares de gas licuado de Grupo Zeta en Manzanillo.
Qué tanto se habría beneficiado el país si unos grupos no estuvieran extorsionando las plantas de generación eólica de Oaxaca. Qué tanto se habría desarrollado la agricultura si en lugar de importar maíz transgénico lo estuviéramos cultivando en México. Cuánto se habría desarrollado el turismo si el gobierno hubiera cumplido con su responsabilidad de derrotar la violencia. Cómo se fortalecerían las exportaciones si invirtiéramos más en las garitas para facilitar el tránsito de los camiones a la Unión Americana. Qué tanto cuesta al país la suspensión de la ampliación del puerto de Veracruz, proyecto indispensable para volver viables las nuevas inversiones de Audi y Volkswagen en Puebla, como consecuencia de un amparo.
Cada vez que encuentro un negocio clausurado o con actividades suspendidas por autoridades locales o federales, hallo en las aceras de enfrente una amplia variedad de comercios informales que violan abiertamente todas las reglas. Las autoridades hostigan y extorsionan a los negocios establecidos, pero nunca se meten con los informales que han privatizado aceras y calles.
Uno, dos o tres proyectos de inversión que se cancelen o no se realicen no le hacen daño al país. Pero cuando se suman decenas o cientos empezamos a entender por qué la economía mexicana no ha crecido y la productividad se ha quedado estancada. En México hay demasiados grupos políticos que tienen no sólo el interés sino la capacidad para detener la inversión productiva. Lo peor de todo es que son los mismos grupos que después organizan manifestaciones para protestar por la pobreza que agobia a nuestro país.
Es positivo que se esté poniendo el dedo en la llaga del mayor problema económico de nuestro país. Esperemos que el Comité Nacional de Productividad no se convierta en un mero foro académico. La verdad, sin embargo, es que la manera más sencilla de liberar el potencial de México es dejar de poner obstáculos a cada proyecto de inversión productiva en nuestro país.
TRABAJADORES
Los mexicanos trabajamos más que nadie en la OCDE: 2,250 horas al año contra 1,776 horas del promedio en la organización. Somos, sin embargo, los que menos ganamos: 9,885 dólares al año contra 34,466 de la OCDE. Esto es consecuencia de la baja productividad de nuestro país.
29 de mayo de 2013
"Un trabajador más productivo no es el que trabaja más horas, es el que tiene mejores resultados y, en consecuencia, gana más".
Enrique Peña Nieto
El presidente Enrique Peña Nieto y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, han puesto el dedo en la llaga. La razón fundamental de la persistente pobreza de México, cuando otros países avanzan de forma sistemática, es el estancamiento de nuestra productividad. El presidente Peña Nieto señalaba este lunes 27 de mayo que si México hubiera tenido un aumento de la productividad similar al de Corea del sur en las últimas décadas el Producto Interno Bruto de nuestro país sería cuatro veces mayor y la pobreza un 86 por ciento menor.
No sé si la forma de mejorar en este rubro sea instalar un nuevo Comité Nacional de Productividad. Cuando los políticos quieren postergar decisiones importantes es usual que establezcan un comité para estudiar el problema. Esperemos que no sea el caso en esta ocasión.
La larga lista de proyectos productivos importantes cancelados o detenidos por razones políticas es, en realidad, suficiente explicación del rezago de la productividad mexicana.
Imagine usted que no se hubiesen cancelado o detenido proyectos como el aeropuerto de Texcoco, la presa La Parota, el campo de golf de Tepoztlán, el Dragon Mart de Cancún o la mina de Wirikuta. Qué pasaría si en lugar de detener los proyectos de extracción de petróleo crudo de aguas profundas y de gas natural los promoviéramos. Qué desarrollo habríamos gozado si hubiéramos aceptado la inversión privada en refinación y petroquímica básica. Cuánto más habríamos crecido si no tuviéramos detenida la planta de 200 millones de dólares de gas licuado de Grupo Zeta en Manzanillo.
Qué tanto se habría beneficiado el país si unos grupos no estuvieran extorsionando las plantas de generación eólica de Oaxaca. Qué tanto se habría desarrollado la agricultura si en lugar de importar maíz transgénico lo estuviéramos cultivando en México. Cuánto se habría desarrollado el turismo si el gobierno hubiera cumplido con su responsabilidad de derrotar la violencia. Cómo se fortalecerían las exportaciones si invirtiéramos más en las garitas para facilitar el tránsito de los camiones a la Unión Americana. Qué tanto cuesta al país la suspensión de la ampliación del puerto de Veracruz, proyecto indispensable para volver viables las nuevas inversiones de Audi y Volkswagen en Puebla, como consecuencia de un amparo.
Cada vez que encuentro un negocio clausurado o con actividades suspendidas por autoridades locales o federales, hallo en las aceras de enfrente una amplia variedad de comercios informales que violan abiertamente todas las reglas. Las autoridades hostigan y extorsionan a los negocios establecidos, pero nunca se meten con los informales que han privatizado aceras y calles.
Uno, dos o tres proyectos de inversión que se cancelen o no se realicen no le hacen daño al país. Pero cuando se suman decenas o cientos empezamos a entender por qué la economía mexicana no ha crecido y la productividad se ha quedado estancada. En México hay demasiados grupos políticos que tienen no sólo el interés sino la capacidad para detener la inversión productiva. Lo peor de todo es que son los mismos grupos que después organizan manifestaciones para protestar por la pobreza que agobia a nuestro país.
Es positivo que se esté poniendo el dedo en la llaga del mayor problema económico de nuestro país. Esperemos que el Comité Nacional de Productividad no se convierta en un mero foro académico. La verdad, sin embargo, es que la manera más sencilla de liberar el potencial de México es dejar de poner obstáculos a cada proyecto de inversión productiva en nuestro país.
TRABAJADORES
Los mexicanos trabajamos más que nadie en la OCDE: 2,250 horas al año contra 1,776 horas del promedio en la organización. Somos, sin embargo, los que menos ganamos: 9,885 dólares al año contra 34,466 de la OCDE. Esto es consecuencia de la baja productividad de nuestro país.
sábado, 11 de mayo de 2013
Tiene ropa alto precio ético
Nueva York, Estados Unidos (6 mayo 2013).- Alguien
puede reciclar la basura, cultivar sus propios alimentos y conducir un
auto de bajas emisiones contaminantes, pero ser socialmente responsable
cuando se trata de la ropa no es tan fácil.
El derrumbe de un edificio en Bangladesh que mató a cientos de trabajadores de una fábrica de ropa hace dos semanas puso bajo los reflectores el hecho de que las personas en países pobres a veces arriesgan sus vidas al trabajar en talleres inseguros que producen las camisetas y ropa interior baratas que consumen los occidentales.
El desastre, que se suma a un incendio en otra fábrica de Bangladesh en la que murieron 112 personas en noviembre, pone de relieve algo igual de turbador para los compradores socialmente responsables: es casi imposible asegurarse de que la ropa que uno compra se manufacturó en talleres con condiciones seguras de trabajo.
Muy pocas compañías venden ropa "hecha éticamente''; es decir, aquella que se confeccionó en fábricas que mantienen condiciones seguras de trabajo. De hecho, la ropa ética representa sólo una pequeña fracción de punto porcentual de los 3 mil millones de dólares que mueve la industria mundial del vestido.
Es aún más difícil dilucidar si la ropa que uno compra está hecha en fábricas seguras si no la compra en tiendas que no promueven sus productos como elaborados éticamente.
Ello porque las grandes cadenas por lo general usan una compleja red de proveedores en países como Bangladesh, que con frecuencia delegan la producción a otras fábricas. Eso significa que los comercios no siempre saben el origen de la ropa cuando se fabrica en el extranjero.
"Para el consumidor, es virtualmente imposible saber si el producto fue elaborado en condiciones seguras'', dijo Craig Johnson, presidente de la consultoría Customer Growth Partners.
"Para las marcas hechas en Estados Unidos, tienes bastante certeza, pero entre más te alejes de Estados Unidos, menos de ella hay''.
La mayoría de las tiendas de ropa mundiales tienen estándares de seguridad en las fábricas que producen sus prendas de vestir. Y las compañías por lo general requieren que contratistas y subcontratistas sigan dichas directrices, pero supervisar su cumplimiento es un proceso costoso y tardado.
Y algunos expertos dicen que las tiendas tienen pocos incentivos para ser más enérgicas porque el público no los presiona a serlo.
America's Research Group, que entrevista a entre 10 mil y 15 mil consumidores a la semana a nombre de las cadenas minoristas, dijo que incluso después de las dos tragedias en Bangladesh, los consumidores están más preocupados por las tallas y el precio de la ropa que en si los obreros que la hicieron recibieron un salario razonable y lo laboran en condiciones seguras.
"No hemos visto reacción del consumidor a las acusaciones de condiciones laborales peligrosas'', dijo C. Britt Beemer, presidente de la firma.
Sin embargo, algunos comercios dicen que, tras los recientes desastres, las cosas están empezando a cambiar. Dicen que más consumidores prestan atención a las etiquetas y en dónde se fabrica la ropa.
Fair Indigo es una tienda por internet que vende ropa y accesorios certificados por Fair Trade U.S.A., una organización sin fines de lucro que audita productos para asegurarse de que los trabajadores que los crean fuera de Estados Unidos reciben un salario digno y trabajan en condiciones seguras.
Rob Behnke, cofundador y presidente de Fair Indigo, dijo que algunos compradores llaman y mencionan las recientes tragedias de Bangladesh.
La compañía, que genera ventas anuales de menos de 10 millones de dólares, tuvo un incremento interanual de 35 por ciento en sus ingresos luego del desastre. Ello es similar al crecimiento de 38 por ciento en ingresos que tuvo en la temporada noviembre-diciembre luego del incendio.
Behnke dijo que las imágenes de algunos de los trabajadores en países como Perú, que publican en su catálogo y su portal de internet, tienen impacto en los compradores.
"Conectamos a los consumidores con los trabajadores textiles a un nivel personal'', dijo. "Estamos mostrando que los trabajadores de la industria son como tú y como yo''.
El derrumbe de un edificio en Bangladesh que mató a cientos de trabajadores de una fábrica de ropa hace dos semanas puso bajo los reflectores el hecho de que las personas en países pobres a veces arriesgan sus vidas al trabajar en talleres inseguros que producen las camisetas y ropa interior baratas que consumen los occidentales.
El desastre, que se suma a un incendio en otra fábrica de Bangladesh en la que murieron 112 personas en noviembre, pone de relieve algo igual de turbador para los compradores socialmente responsables: es casi imposible asegurarse de que la ropa que uno compra se manufacturó en talleres con condiciones seguras de trabajo.
Muy pocas compañías venden ropa "hecha éticamente''; es decir, aquella que se confeccionó en fábricas que mantienen condiciones seguras de trabajo. De hecho, la ropa ética representa sólo una pequeña fracción de punto porcentual de los 3 mil millones de dólares que mueve la industria mundial del vestido.
Es aún más difícil dilucidar si la ropa que uno compra está hecha en fábricas seguras si no la compra en tiendas que no promueven sus productos como elaborados éticamente.
Ello porque las grandes cadenas por lo general usan una compleja red de proveedores en países como Bangladesh, que con frecuencia delegan la producción a otras fábricas. Eso significa que los comercios no siempre saben el origen de la ropa cuando se fabrica en el extranjero.
"Para el consumidor, es virtualmente imposible saber si el producto fue elaborado en condiciones seguras'', dijo Craig Johnson, presidente de la consultoría Customer Growth Partners.
"Para las marcas hechas en Estados Unidos, tienes bastante certeza, pero entre más te alejes de Estados Unidos, menos de ella hay''.
La mayoría de las tiendas de ropa mundiales tienen estándares de seguridad en las fábricas que producen sus prendas de vestir. Y las compañías por lo general requieren que contratistas y subcontratistas sigan dichas directrices, pero supervisar su cumplimiento es un proceso costoso y tardado.
Y algunos expertos dicen que las tiendas tienen pocos incentivos para ser más enérgicas porque el público no los presiona a serlo.
America's Research Group, que entrevista a entre 10 mil y 15 mil consumidores a la semana a nombre de las cadenas minoristas, dijo que incluso después de las dos tragedias en Bangladesh, los consumidores están más preocupados por las tallas y el precio de la ropa que en si los obreros que la hicieron recibieron un salario razonable y lo laboran en condiciones seguras.
"No hemos visto reacción del consumidor a las acusaciones de condiciones laborales peligrosas'', dijo C. Britt Beemer, presidente de la firma.
Sin embargo, algunos comercios dicen que, tras los recientes desastres, las cosas están empezando a cambiar. Dicen que más consumidores prestan atención a las etiquetas y en dónde se fabrica la ropa.
Fair Indigo es una tienda por internet que vende ropa y accesorios certificados por Fair Trade U.S.A., una organización sin fines de lucro que audita productos para asegurarse de que los trabajadores que los crean fuera de Estados Unidos reciben un salario digno y trabajan en condiciones seguras.
Rob Behnke, cofundador y presidente de Fair Indigo, dijo que algunos compradores llaman y mencionan las recientes tragedias de Bangladesh.
La compañía, que genera ventas anuales de menos de 10 millones de dólares, tuvo un incremento interanual de 35 por ciento en sus ingresos luego del desastre. Ello es similar al crecimiento de 38 por ciento en ingresos que tuvo en la temporada noviembre-diciembre luego del incendio.
Behnke dijo que las imágenes de algunos de los trabajadores en países como Perú, que publican en su catálogo y su portal de internet, tienen impacto en los compradores.
"Conectamos a los consumidores con los trabajadores textiles a un nivel personal'', dijo. "Estamos mostrando que los trabajadores de la industria son como tú y como yo''.
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